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KEMURIKUSA: Cuando el dinero no lo es todo... | OPINIÓN

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RESEÑA: KEMURIKUSA - 13 FOTOGRAMAS

Consumismo... una palabra que sirve para definir nuestras vidas. Y la industria del Anime no es la excepción, generando cientos de nuevas obras cada año y pese a ello, teniendo un número bastante bajo de "buenos" trabajos; porque si hay una verdad que tristemente prima sobre el resto esa es: Cantidad sobre calidad. Sin embargo, de vez en cuando sí hay personas que se arriesgan y lanzan obras que buscan ser buenas antes que exitosas. La de hoy, es una de esas historias... 

Kemurikusa

RESEÑA: KEMURIKUSA - 13 FOTOGRAMAS

|Estudio: Yaoyorozu|2019| 
|12 Episodios|Formato: TV| 
|Acción, Sci-Fi| 


Kemurikusa se desarrolla en un mundo post apocalíptico en el que no hay más que desolación. Es por ello por lo que cuando el grupo de hermanas Rin, Ritsu y las geniales Rinas, encuentran a un muchacho desconocido y sin recuerdos, tienen 2 opciones: Aceptar que las acompañe en su búsqueda por sobrevivir, o abandonarlo y perder la que quizá, sea su última esperanza. ¿Qué le sucederá a este peculiar grupo de personas? ¿Lograrán sobrevivir?... 

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Kemurikusa es una serie estrenada en el año 2019 que consta de 12 episodios producidos por el realmente pequeño (menos de 10 personas) estudio Yaoyorozu, contando con la dirección de TATSUKI, Yoshitada Fukuhara como productor, Yoshihisa Isa al frente de la animación, Tetsuya Takahashi a cargo de la música y Yukou Shiromisuzu como encargado del apartado artístico. Pocos pero más que suficientes para crear una pequeña joya llena de pasión. La serie además, es una continuación a la idea surgida en las 2 OVAS homónimas de 2010 y 2012, producidas en aquella ocasión por el estudio Irodori y el propio Tatsuki (de hecho, la OVA de 2012 le valió el reconocimiento en el  '24th 3D Anime Contest').

En cuanto a su historia, Kemurikusa nos adentra en un mundo post apocalíptico donde todo recurso se ha extinguido y parece no quedar ningún ser humano. Nuestras protagonistas son las peculiares hermanas Ritsu, Rin y Rinas (sí, en plural) las cuales viajan juntas buscando agua y tratando de evitar a las temibles criaturas que amenazan su existencia: Unos enormes y temibles insectos rojos llamados "nushi". El caso es que, durante una excursión por parte del grupo en busca del líquido vital, las chicas se encuentran con uno de estos nushi y lamentablemente una de las hermanas Rina debe sacrificarse para que la misión tenga éxito. Lo curioso es que tras dicho suceso, el grupo hallará nada más y nada menos que a un chico entre el agua. Más aún, este parece no tener recuerdos o pista alguna de su identidad, tan solo recuerda llamarse Wakaba y parece tener un peculiar agrado por el "Kemurikusa" que es la esencia de las cosas vivas en este mundo, desde un árbol llamado Midori hasta las propias hermanas. Debido a lo sospechoso que resulta esto, el grupo de hermanas liderado por Rin, decide que Wakaba se una a su viaje en búsqueda de agua lo cual, y aunque aún lo no sepan, será el detonante para que nuevos misterios salgan a la luz y poco a poco encuentren respuestas sobre el pasado y el cómo terminar con la desolación de su mundo... Simple pero interesante ¿Cierto?

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Ahora bien, una vez que comenzamos a ver la serie podemos afirmar que si algo define a Kemurikusa es su evidente falta de recursos, pareciendo más una serie B que un producto de verdad atrayente o que alcance con los estándares a los que como espectadores estamos acostumbrados: Con una animación CGI bastante pobre, unos diálogos algo robóticos y una historia que al principio no tiene ni pinta de coherencia… Sí, Kemurikusa es una de las obras con más carencias que puedan encontrar. Esto sin embargo, esto tiene un motivo y también unos antecedentes. El motivo es la búsqueda de independización de sus creadores, los antecedentes: Kadokawa y el peculiar éxito que resulto la serie Kemono Friends… Y sí, ya sé que para los que no conozcan todo el contexto esto no les dice nada en absoluto así que vayamos por partes: En el año 2017, Estudio Yaoyorozu estrenó una serie que, basándose en una animación CGI bastante poco pulida pero con mucho encanto sobre una animal girl, una rara sustancia y una gran aventura rodeada de amigos en la selva, habría de volverse en una de las propuestas más interesantes de su tiempo. Dicha serie era Kemono Friends, una obra nacida a partir de un proyecto multimedia en el que ya se contaba con un juego que no solo fue decepcionante para los jugadores sino que además, era un fracaso total a nivel económico. Es por ello por lo que cuando editorial Kadokawa pensó en hacer una serie animada, los recursos y el apoyo puesto en ello fueron casi inexistentes, dejando al estudio con todo el problema de inventarse algo de la chistera. ¿Lo lograron? Pues sí, Estudio Yaoyorozu logró hacer de Kemono Friends una serie querida por el publico y alabada por la crítica, trayendo con esto un reconocimiento y unas ganancias totalmente inesperadas… Para Kadokawa.

Cuando el dinero LO ES todo…

El resto ya es historia (una muy injusta por cierto) … Kemono Friends vendió millones, Kadokawa consiguió una nueva gallina para los huevos de oro y el estudio Yaoyorozu triste e inexplicablemente fue sacado del proyecto en aras de tener un mayor control y por ende, ganancias para la editorial. Y claro, a estas alturas ustedes o yo podríamos decir que “Este tipo de situaciones han pasado infinidad de veces y en variedad de contexto…” Ya sea en el cine con casos como Terminator o Viernes 13, algunos proyectos underground como La bruja de Blair e incluso grandes franquicias como Matrix las cuales no fueron apoyadas ni tan publicitadas en un inicio; directores como Zack Snyder o James Gunn quienes fueron de alguna forma expulsados de sus proyectos debido a cuestiones externas e incluso series contemporáneas como El juego del calamar y sus casi 10 años de rechazo… la triste realidad es que en el trasfondo de cada industria y obra se encuentra el factor económico y se trate o no de una buena idea o una propuesta interesante, al final money is money

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Y sí, también podríamos decir que en cada uno d ellos casos que enlisto al final las obras o personas fueron exitosas al final pero siendo sinceros: ¿De verdad podemos creer que fue por el buen corazón de sus productores? ¿O porque a nosotros los fanáticos nos gustasen dichas series? No, la mayoría de las obras que consumimos llegan a nosotros porque detrás hay grandes ganancias, hay mucha capacidad de expandir el mercado y sobre todo y en muchos de los casos, la facilidad de hacerlo aún bajando la calidad en entregas posteriores… Y ahí es donde esta lo malo, no en querer sacar beneficios de una idea (vamos que por eso es una industria… no se come el aire) pero sí en querer abusar de dicho consumismo y ni tan siquiera permitir a los creadores ni a los espectadores recibir siempre un producto que sea interesante y que lleve cariño en él. Kadokawa y la obra que les presento son el mejor ejemplo de dicho contraste y problemática porque, tras el éxito de Kemono habrían de pasar 2 años para que Yaoyorozu lograra levantarse, creando esta peculiar obra que es Kemurikusa y de paso derrotando a Kadokawa y la 2da temporada de Kemono Friends (siendo ambas lanzadas en 2019). La cuestión es...


¿Por qué triunfó Kemurikusa?
¿Qué es lo que hace de ella algo que vale la pena?


La búsqueda de un producto, no de dinero.

Bueno, pues comenzando por lo más obvio Kemurikusa triunfa por el simple hecho de proponer, contrario a Kadokawa, una verdadera historia y no solo algo superficial y "suficientemente" presentable para vender. Y para ello estudio Yaoyorozu vuelve a sus orígenes y rescata la idea concebida en sus OVAS anteriores, expandiendo la idea y presentándonos a través de 12 episodios una historia de corte post apocalíptico en la que su eje de supervivencia nos permite ir viendo no solo momentos de comedia sino también un solido desarrollo entre sus personajes. Teniendo por un lado a las variopintas hermanas Rin, ellas como conjunto logran el gancho y apego suficiente como para que el espectador se preocupe por su futuro, mostrándonos entre chistes y combates las cualidades y deficiencias de cada una, dándoles una individualidad basada en personalidades y sobre todo, en temores que han de ir ligados a la trama y su desenlace (aunque en general se trata del temor a morir en la desolación total). Son ellas también las que aportaran el miedo necesario hacia el entorno donde se encuentran lo cual es importante ya que como escribiré más adelante, la capacidad de inmersión en Kemurikusa lo es todo. Por el otro lado, tenemos al casi siempre patético Wakaba, con sus muchas preguntas y su poco pasado; él es el elemento que nos hace preguntarnos que es lo que causó el caos en el que se sitúa la historia, haciéndonos mediante su ritmo lento y sus pequeñas pistas a cada episodio, participes del misterio a resolver… ante el poco desarrollo de personaje, plot twist e intriga para mantenernos atentos. No, la premisa de Kemurikusa no es la más innovadora (supervivencia en un mundo desolado…) pero sí que es una bastante sólida y bien ejecutada alrededor de un mundo que se utiliza como elemento narrativo principal… sobre todo a nivel audiovisual.

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Y es en dicho apartado donde estudio Yaoyorozu pone todo su arsenal. Apostando por la creación de una atmosfera que nos mantenga en vilo y que haga de foco central antes que sus propios personajes o el claro propósito de estos, logrando que en vez de distraernos por sus pocos recursos, nos vayamos sumergiendo en sus oscuros escenarios, repletos de trampas, de dudas y en donde cada esquina o puente próximo puede ser el fin del viaje. Pocas luces y muchas sombras acompañando a una paleta de colores que si bien es limitada, pega muy bien con la idea propuesta sobre el kemurikusa y el rojo intenso de los nushi. Más aún, lo que debería ser la mayor pega de la serie, termina por convertirse en un rasgo único y diferenciador: El trazo CGI omnipresente y el cual funciona para dar aún más sensación de incomodidad, de que algo en lo que estamos por ver saldrá mal, aumentando así el nivel de tensión y logrando que sus batallas por ejemplo, luzcan más poderosas e impactantes de lo que realmente son con efectos estáticos y transiciones de fondo. De igual manera sucede con los personajes, pues la serie aprovecha el guion para repetir modelos (con las Rinas) y expresiones en todas las hermanas, creando algunos patrones de presentación y enfatizando su personalidad mediante sus diferencias estéticas en vez de su movimiento. Y lo anterior se completa gracias al apartado sonoro, con pocas piezas vocales pero que están llenas de energía, así como con piezas instrumentales perfectas para acrecentar la sensación de desolación, apostando, nuevamente, por creación de la atmosfera antes que por la estética... Atrapando al espectador y demostrando que, si se tienen los conocimientos y la experiencia, se pueden hacer maravillas con poco.

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La serie a la que dedico esta entrada no es, ni mucho menos, una obra maestra. Vamos, que ni siquiera podría entrar en mi top 100 de siempre y quizá, se olvide más pronto que tarde... Y aun así, Kemurikusa es una obra que quiero recomendar, que destila pasión, que regresa algo del valor perdido hacia sus animadores y sobre todo, que sirve como claro ejemplo (y reclamo) a la industria de que no se necesita más que trabajo duro y ganas de crear, antes que de cobrar, para hacer algo digno y atrayente, porque al final (y por más obvio que suene) lo bien hecho será bueno y lo bueno, generará ganancias... ojala lo recordáramos más seguido. 

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